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Todos los síntomas pueden aparecer de repente, e indicar un estadio III de la enfermedad, debido a su rápido crecimiento.
Habitualmente se hace con una biopsia realizada en el sitio sospechoso de tener el linfoma, como la médula ósea o un nodo linfático. Una pequeña pieza del tumor se extrae por cirugía. La muestra se colorea con tintes específicos y se manda para que un patólogo la examine al microscopio. Éste examina el tamaño y la forma de las células, así como su distribución en el ganglio linfático. En ocasiones este examen no proporciona una respuesta definitiva y se requieren otras pruebas de laboratorio.
El linfoma de Burkitt puede ser diferenciado de otros tumores por el patrón distintivo de "cielo estrellado". Existen técnicas específicas de laboratorio para detectar la presencia del virus Epstein-Barr.
Tests habituales incluyen:
Los pacientes que padecen del linfoma de Burkitt tienen entre un 20% y un 30% de probabilidad de tener complicacion del sistema nervioso central en su vida.