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La médula ósea es un órgano distribuido en el interior de los huesos del cuerpo humano (los huesos son huecos y no macizos), formando parte del sistema sanguíneo. Es la encargada de formar todas las células de la sangre a partir de células conocidas como células progenitoras, las cuales tienen la capacidad genética de formar todos los diferentes tipos de células sanguíneas.

El trasplante de médula ósea es un procedimiento médico utilizado para el tratamiento de enfermedades de la sangre como leucemias y linfomas principalmente. Consiste en reemplazar la médula ósea del individuo afectado por células de la médula ósea de la misma u otra persona (generalmente un hermano, pero también puede ser otro compatible con el paciente), y así restablecer la función normal de la médula ósea. Este tipo de trasplante se hace en forma intravenosa y no requiere de una operación propiamente dicha.
Dependiendo del donante:
Utiliza las propias células de la médula ósea del paciente, las cuales son recogidas por medio de biopsia de médula ósea o de la sangre circulante, al ser las células del propio paciente el HLA es idéntico y no ocurrirá rechazo después del trasplante.
El paciente recibe células de médula ósea de su gemelo idéntico. Son muy raros, porque hay muy pocos hermanos gemelos, pero suelen dar mejores resultados que los alogénicos, debido a la similitud genética entre hermanos de este tipo.
Utilizan células de un donante con HLA igual o similar; el mayor porcentaje de probabilidades suele tenerlo un hermano o hermana (30% - 40% de probabilidad), aunque existe también la posibilidad que el donante no sea un familiar, para lo cual existen enormes bases de datos en las que se compara el HLA del paciente con el de los posibles donantes.
Cuando se considera un trasplante, se realizan pruebas al paciente o a sus hermanos para determinar su tipo de tejido o de antígeno leucocitario humano (HLA).
El tipo de tejido lo determinan ciertas proteínas de la superficie de los leucocitos; los médicos las analizan y determinan el tipo de HLA del paciente y los potenciales donantes. Las reacciones inmunitarias que ocurren cuando un individuo recibe un trasplante de un donante no singénico dependen en gran medida de estas proteínas en las células.

El tipo de HLA de una persona está determinado por los genes del cromosoma 6. Cada célula con núcleo humana tiene 46 cromosomas: un par de cada cromosoma del 1 al 22, más dos cromosomas sexuales. Los genes que determinan el HLA se transmiten como sigue (es una simplificación):

Por tanto, un hermano tiene un 25% de posibilidades de ser donante, es decir, de tener un tipo HLA como el de otro hermano. Además, esto explica por qué los padres habitualmente no pueden ser donantes. Este proceso de tipificar el HLA del paciente sirve para buscar donantes no emparentados.
La médula ósea puede ser obtenida a través de tres métodos; los dos primeros son ambulatorios y no requieren de hospitalización:
La recolección de médula ósea se hace con un procedimiento que dura aproximadamente 1 hora y consiste en realizar varias punciones -previa colocación de anestesia local- en el borde de la pelvis, en la parte baja de la espalda, para extraer por medio de una aguja larga aproximadamente medio litro de médula ósea.

Se hace separando las células progenitoras circulantes en el torrente sanguíneo del donante, las cuales son aisladas por medio de un separador celular que funciona de forma similar a cuando se dona sangre pero lleva más tiempo (aproximadamente 2 horas). Por una vena la sangre es llevada al separador celular, el cual, por tamaño, aísla las células progenitoras (que son más grandes), y por otra vía reinfunde la sangre nuevamente al paciente.

Existen muchísimas células progenitoras en los cordones umbilicales y placentas, que habitualmente son tratados como desechos en un nacimiento. Sin embargo, sólo los niños y adultos de tamaño pequeño se pueden beneficiar de las células progenitoras de este origen.
Las células de médula ósea obtenidas son procesadas entonces para quitarles la sangre y fragmentos de hueso. Estas células se suelen combinar entonces con un preservador y almacenadas en un congelador de nitrógeno líquido a muy baja temperatura, hasta que se las necesita.
Es habitual que el tratamiento final de un paciente con linfoma sea la recolección propia de médula ósea, tras haber recibido quimioterapia y haber remitido totalmente el tumor. Así, si hubiera una recidiva , se tiene lista para el trasplante.

Las células sanguíneas sanas son suministradas al paciente por vía intravenosa. Una vez dentro del torrente sanguíneo las células progenitoras trasplantadas encuentran el camino hacia la médula ósea dentro de los huesos e inician la producción de células sanguíneas sanas. Este proceso dura varias semanas para repoblar toda la médula ósea con células nuevas.
El paciente recibe además otros medicamentos que ayudan a lograr una producción más rápida de células (se conocen como factores estimuladores de colonias). Aquellos sometidos a un trasplante alogénico deben adicionalmente recibir medicamentos denominados inmunosupresores que impiden que las células trasplantadas sean reconocidas y rechazadas por el sistema inmunológico. Estos medicamentos previenen el rechazo del trasplante, pero al tiempo existe mayor riesgo de desarrollar infecciones por hongos o virus.
El trasplante alogénico, ya sea de un hermano o de un donante no emparentado, difiere de los trasplantes singénico y autólogo en que existe la posiblidad de rechazo inmune del receptor a las células progenitoras donadas.
Se previene con un tratamiento de intensificación de quimioterapia -bien sea doblando las dosis en el mismo tiempo, bien administrando las mismas dosis pero en la mitad de tiempo-. El problema de las infecciones se explica en el apartado de quimioterapia.
Consiste en la reacción de las células del donante contra los tejidos del receptor. Se puede presentar tan pronto como las células trasplantadas empiezan a entrar al receptor, y es más frecuente y grave con mayor edad. Estas células, especialmente los linfocitos T, examinan los tejidos y células del receptor para detectar si son diferentes, y si encuentran diferencias -habitualmente en el HLA- las atacan.
Esta enfermedad comienza en los primeros 90 días después del trasplante, aunque a veces puede tardar un año. Los primeros síntomas son erupción, ardor y enrojecimiento de la piel en las palmas de las manos y los pies. Se extiende después al tronco y luego a todo el cuerpo. Pueden aparecer vómitos, diarrea, náuseas, lesiones en el hígado y falta de apetito. Estos síntomas pueden variar de leves a muy graves, y pueden llegar a poner en peligro la vida.
Para prevenirla o minimizarla se utilizan citostáticos como la ciclofosfamida y el metotrexato, esteroides y otros. Otra técnica empleada para reducir la gravedad e incidencia de esta enfermedad se denomina eliminación de linfocitos T, que consiste en, previamente al trasplante, se tratan con anticuerpos las células progenitoras del donante para eliminar estos linfocitos. De todos modos, es útil dejar algunos para que ayuden a eliminar el tumor.